ประเพณี THAILAND

Bun Bang Fai: cohetes caseros para pedirle lluvia al cielo en Yasothon

Cada mayo, en Isaan, se lanzan al cielo cohetes caseros cargados de pólvora para recordarle al dios de la lluvia que toca sembrar. Leyenda, barro, apuestas y mucho humor picante.

Hace un par de semanas, del 8 al 10 de mayo, Yasothon volvió a llenarse de humo. Esta pequeña provincia de Isaan, que el resto del año pasa bastante desapercibida, celebró una vez más el Bun Bang Fai (บุญบั้งไฟ), el festival de los cohetes. Si alguna vez te dicen que en Tailandia la gente es tranquila y comedida, llévalos a Yasothon en mayo.

Una leyenda con sapo

El festival tiene su origen en una leyenda que se cuenta tanto en Isaan como en Laos. Phaya Thaen (พญาแถน), el dios del cielo, era el encargado de mandar la lluvia a la tierra. Un día dejó de hacerlo y la sequía arrasó los campos. El que acabó plantándole cara fue Phaya Khankhak, el rey sapo, que al final ganó la guerra y obligó al dios a prometer que mandaría la lluvia cada año.

Desde entonces, al final de la estación seca, los pueblos lanzan cohetes al cielo para recordarle a Phaya Thaen su promesa. Y cuando las ranas croan en los arrozales, dicen, es que la lluvia está a punto de llegar. Es la misma necesidad de agua que llevó al rey Bhumibol a crear su proyecto de lluvia artificial, pero en versión pólvora y fiesta.

Cómo es el festival

Bun Bang Fai se celebra en muchos pueblos de Isaan entre mayo y junio, pero el de Yasothon es el más grande y famoso. Suele durar tres días:

  • Primer día: exhibición de cohetes y preparativos. Los equipos de cada pueblo o barrio enseñan sus creaciones.
  • Segundo día: el desfile. Es lo más vistoso. Carrozas con cohetes decorados (bang fai eh) con cabezas de naga, bailarinas con trajes tradicionales, música mor lam a todo volumen y mucha, mucha cerveza.
  • Tercer día: los lanzamientos. Desde una rampa en las afueras se lanzan los cohetes uno tras otro durante todo el día.

Los cohetes

Antes se hacían con cañas de bambú; hoy son tubos de PVC rellenos de pólvora casera hecha con salitre y carbón. Los hay pequeños y los hay enormes: los más grandes, los bang fai saen, llevan tanta pólvora que suben a una altura impresionante y dejan una estela de humo que se ve desde lejos.

Lo que se valora es la altura y el tiempo en el aire. Y, claro, alrededor de cada lanzamiento hay apuestas, que son ilegales pero que todo el mundo hace.

¿Y si tu cohete explota en la rampa o cae en picado al despegar? Pues a tu equipo lo tiran al barro. Es parte de la tradición y la gente lo celebra casi más que un buen lanzamiento.

La parte picante

Hay algo que sorprende a muchos visitantes, sobre todo a los que tienen la imagen de una Tailandia recatada: Bun Bang Fai es una fiesta muy subida de tono. Hay figuras fálicas de madera, hombres disfrazados de mujer, bromas sexuales en el desfile y canciones con más dobles sentidos que Kan Hoo. Todo tiene que ver con la fertilidad: de la tierra, de las cosechas y de las personas.

Es un buen recordatorio de que la Tailandia rural tiene una relación con el cuerpo y el humor bastante más desenfadada que la imagen oficial que se vende desde Bangkok.

Si quieres ir el año que viene: el festival de Yasothon se celebra normalmente el segundo fin de semana de mayo. Hay pocos hoteles, así que reserva pronto o busca alojamiento en Ubon Ratchathani o Roi Et. Para los lanzamientos, mantente detrás de la zona señalizada: cada año hay accidentes con cohetes que se desvían.

Por qué ir

Bun Bang Fai no es una fiesta para turistas, y eso es justamente lo que la hace especial. Es Isaan en estado puro: gente de los pueblos que se pasa meses construyendo un cohete para ganar a los del pueblo de al lado, rituales antiguos mezclados con altavoces gigantes, y una petición muy seria detrás de tanto jolgorio: que llueva, que el arroz crezca y que el año sea bueno.