Songkran: lo que no te cuentan de la guerra de agua más famosa del mundo
Detrás de las pistolas de agua hay un Año Nuevo budista con rituales familiares preciosos, y también los días más peligrosos del año en la carretera. Guía para vivirlo bien.
Quedan unas semanas para Songkran (สงกรานต์), el Año Nuevo tailandés, y ya se nota: en los centros comerciales venden pistolas de agua del tamaño de un bazuca y los hoteles de Chiang Mai cuelgan el cartel de completo. Para muchos turistas, Songkran es simplemente “la fiesta del agua”, tres días de remojones en Khao San Road. Y lo es, pero eso es solo la parte que sale en Instagram.
Qué se celebra
Songkran marca el Año Nuevo según el calendario solar tradicional y se celebra oficialmente del 13 al 15 de abril, en pleno pico de calor. La palabra viene del sánscrito saṃkrānti y hace referencia al paso del sol de una constelación a otra. En 2023 la UNESCO lo incluyó en su lista de Patrimonio Cultural Inmaterial, y en los últimos años el Gobierno lo ha estirado a todo el mes de abril con conciertos y eventos.
Para los tailandeses, Songkran es sobre todo una fiesta familiar, algo parecido a nuestra Navidad. Bangkok se vacía porque millones de personas vuelven a su pueblo, sobre todo a Isaan y al norte. Si estás en la capital esos días, notarás calles extrañamente tranquilas fuera de las zonas de fiesta.
Lo que pasa lejos de las pistolas
El agua tiene un sentido: limpiar y empezar el año con buen pie. Antes de la batalla, hay tres rituales que merece la pena conocer:
- Rot nam dam hua (รดน้ำดำหัว). Los jóvenes vierten agua perfumada sobre las manos de los mayores de la familia, les piden perdón por las faltas del año y reciben su bendición. Es un momento muy bonito, y si te invitan a uno, es un honor.
- Bañar a los budas. En los templos se sacan las imágenes de Buda y la gente las rocía con agua perfumada con jazmín. Mucha gente aprovecha para ir al templo por la mañana y hacer méritos.
- Las chedis de arena. En algunos templos se construyen pequeñas estupas de arena. La idea es devolver al templo la arena que te has llevado en los zapatos durante el año. Me parece una de las tradiciones más simpáticas del país.
También verás a gente untando una pasta blanca en la cara de los demás. Es din sor pong, una arcilla que se usa como protección y bendición. No te lo tomes como una agresión.
Cómo sobrevivir a la batalla
Si vas a meterte en la fiesta, y deberías, un par de consejos prácticos:
- Todo se moja. Móvil y pasaporte en una bolsa estanca colgada del cuello. Ni se te ocurra llevar nada que no pueda acabar empapado.
- Ropa ligera y decente. Una camiseta de flores es casi un uniforme. Ojo con la ropa que transparenta al mojarse: en Tailandia sigue sin estar bien vista.
- Hay gente a la que no se moja. Monjes, personas mayores que no están jugando, bebés, gente con uniforme de trabajo y, sobre todo, motoristas. Tirar un cubo de agua a alguien en moto puede provocar un accidente.
- El agua con hielo existe. Hay quien llena las garrafas de cubitos. Prepárate para gritar.
- Dónde ir: en Bangkok, Silom y Khao San son las zonas más famosas; en Chiang Mai, el foso que rodea la ciudad vieja es el epicentro. Si buscas algo más tranquilo y tradicional, cualquier pueblo te dará una experiencia más auténtica.
La parte que no es fiesta
Hay un lado oscuro del que se habla poco fuera de Tailandia. Los días alrededor de Songkran se conocen como los “siete días peligrosos” (7 วันอันตราย): millones de coches y motos en la carretera, mucho alcohol y poco descanso. Cada año mueren cientos de personas en accidentes de tráfico durante ese periodo, y el Gobierno publica el recuento diario como si fuera un parte de guerra.
Si tienes que moverte esos días, coge el tren o un avión, evita conducir de noche y no te subas a una moto con alguien que lleva toda la tarde bebiendo cerveza con hielo.
Consejo: reserva transporte y alojamiento con semanas de antelación. Los billetes de autobús y de tren hacia Isaan y el norte se agotan rápido, y los precios de los hoteles en Chiang Mai se disparan.
Mi recomendación
Vive las dos caras. Pasa una mañana en un templo de barrio viendo cómo las familias bañan a los budas, y por la tarde coge una pistola y empápate como un niño. Songkran es una de esas pocas fiestas en las que todo el país, tailandeses y farangs, ricos y pobres, acaban igual de mojados. Y eso, con 40 grados a la sombra, se agradece.