เที่ยว THAILAND

Cómo visitar un templo en Tailandia sin meter la pata

Zapatos, ropa, pies, cabezas, monjes y budas que no son decoración. Las normas no escritas de un wat tailandés explicadas para que entres con respeto y sin agobios.

Hay más de 40.000 templos budistas en Tailandia, y vas a acabar entrando en unos cuantos. Para los tailandeses, el wat (วัด) no es un museo ni un decorado para fotos: es el sitio al que van a rezar, a hacer méritos, a celebrar bodas y funerales, y donde muchos niños de pueblo estudiaron. Nadie espera que conozcas todas las normas, pero hay unas cuantas básicas que marcan la diferencia.

Y no, no hace falta ser budista para respetarlas. Yo mismo no lo soy y me descalzo igual.

Antes de entrar

La ropa. Hombros y rodillas cubiertos, tanto para hombres como para mujeres. Nada de camisetas de tirantes, pantalones cortos por encima de la rodilla ni ropa transparente. En los templos más visitados te alquilan o te venden un pareo en la entrada, pero queda mejor llevar algo adecuado de casa. En el Gran Palacio y el Templo del Buda Esmeralda de Bangkok son especialmente estrictos y te pueden dejar en la puerta.

Los zapatos. Te los quitas antes de entrar en los edificios principales, como el ubosot (la sala de ordenación) o el viharn (la sala de oraciones). Normalmente no hace falta en el recinto exterior. Fíjate en el montón de chanclas en las escaleras: si las hay, descálzate.

El umbral. Pisa por encima, no encima. Según la creencia popular, en el umbral de la puerta viven espíritus protectores, y pisarlo es de mala educación.

Dentro de la sala

  • Los pies, nunca hacia el Buda. Los pies son la parte más baja e impura del cuerpo. Si te sientas, hazlo con las piernas dobladas hacia un lado, o arrodillado, como verás hacer a los tailandeses.
  • No te pongas más alto que la imagen. No te subas a plataformas, no toques las estatuas y, por favor, no te hagas fotos abrazado a un buda.
  • Silencio. Puede haber gente rezando o monjes en plena ceremonia. Habla bajo y quita el sonido del móvil.
  • No señales con el dedo. Ni a las imágenes ni a los monjes. Si quieres indicar algo, hazlo con la mano abierta.
  • Fotos con cabeza. Mira si hay carteles de “prohibido fotografiar” y no hagas fotos a gente que está rezando.

Los monjes

Los monjes merecen un trato especial, y hay normas que conviene tener muy claras:

  • Las mujeres no pueden tocar a un monje ni darle nada directamente de mano a mano. Si una mujer quiere entregarle algo, lo deja en un paño que el monje pone delante o se lo da a un hombre para que se lo pase.
  • En el transporte, los monjes tienen asientos reservados. En el autobús o en el metro, cédeselos.
  • Las limosnas de la mañana (tak bat) no son un espectáculo. Si quieres participar, compra la comida en un puesto local, descálzate, ponte a la altura correcta y hazlo en silencio. Si solo quieres mirar, hazlo de lejos y sin flash. Aquí el postureo sobra.
  • Los monjes no comen después del mediodía, así que no les ofrezcas comida por la tarde.

En algunos templos del norte hay zonas, como la base de ciertas chedis, en las que las mujeres no pueden entrar. Hay un cartel que lo indica. Te puede parecer injusto, y es un debate que existe en la propia Tailandia, pero dentro del templo toca respetarlo.

Buda no es decoración

Esto merece un apartado propio. En muchas zonas turísticas verás carteles con la frase “Buddha is not for decoration”. Para muchos tailandeses es ofensivo ver la imagen de Buda tatuada en una pierna, estampada en una toalla o usada como lámpara en un bar.

De hecho, sacar del país imágenes de Buda sin un permiso del Departamento de Bellas Artes está, en principio, restringido. Si quieres un recuerdo, mejor otra cosa.

Lo básico en una línea: hombros y rodillas tapados, zapatos fuera, pies lejos del Buda, manos lejos de los monjes (si eres mujer) y el móvil en silencio.

La recompensa

Cuando entras en un templo de barrio un martes por la mañana, lejos de los grupos, te encuentras otra cosa: abuelas trayendo comida, perros dormidos a la sombra, monjes jóvenes estudiando y niños jugando en el patio. Ese es el templo de verdad, el corazón de la comunidad. Y respetar sus normas es la mejor forma de que te dejen ver un poco de él.